Crónicas del underground granaíno #1
Mis impresiones sobre dos noches de enero en la mítica sala Planta Baja
Empiezo esta nueva sección con el objetivo de ir dejando constancia de los conciertos que dan vida y forma a la escena underground granadina. Empiezo con dos noches memorables en Planta Baja de esta última semana.

El sábado pasado, 18 de enero, fue el concierto de despedida en Granada (aún les queda un bolo en Barcelona el 1 de febrero) de Ofiuca Nunca en Planta Baja. El dúo construye su estética sobre la inclusión de elementos electrónicos en canciones pop, ya sean más cercanas al bedroom pop o al rock alternativo. Algunas eran composiciones realmente refinadas, y las ejecutaron con gracia, a lo cual ayudaba la excelente voz de Ana Marjalizo, que funciona bien en muchos estilos, incluso aplicando en ocasiones auto-tune. Al mismo tiempo, llamaba la atención que tantas de sus canciones estén en inglés, lo cual creaba una distancia emocional que se hacía más molesta al pensar la buena calidad de las letras en español. Había, además, un aire de luto en torno al concierto que, aunque fuera lógico, provocó que este tuviera una energía algo mustia. Con todo, hacia el final aquello tomó más fuerza y en los bises consiguieron incluso salir bien parados de una versión de “Glory Box”, de Portishead.
De todos modos, lo más impactante de la noche fue la actuación de los teloneros, iannis ANISAKIS. Este trío, formado por Mari Ortiz , Julio Molina y Joserto Rosales (también batería de Ramper), dejó a todo el mundo boquiabierto con su electrónica industrial, tan capaz de la abstracción y la exploración más libre y disonante como de amarrar esos impulsos en canciones efectivas, con letras intrigantes e interpretaciones vocales magnéticas, entre lo sensual y lo violento, por parte de Mari. Por momentos hacen pensar en unos Model/Actriz menos dance-punk y más salvajes (y hetero). Apenas tocaron cuatro temas, y van sacando música a un ritmo exasperantemente lento (incluso han borrado algunos de los temas que sacaron en 2023). Pero precisamente este perfeccionismo me indica que, si alguna vez lanzan un álbum, va a ser algo bárbaro.
La del jueves 23 fue una noche grande en Planta Baja. Primero Pena Máxima presentaron su segundo disco, Crudo. El dúo de hermanos madrileños (de origen granadino) conquistaron a un público que, en su mayoría, no los conocía gracias a su post hardcore con toques de Midwest emo y de shoegaze. Tal como indica el uso de esas dos etiquetas, su música se define por la alternancia entre momentos de gran contención, donde tocan sus instrumentos (guitarra y batería) de forma minimalista, y momentos de desenfreno ruidista, con capas y capas de efectos en la guitarra de Julián. Lo potente es que, especialmente en directo, el grupo demuestra una gran elegancia en ambos registros, rellenando a la perfección el espacio sonoro con los elementos justos, sin por ello caer en el hieratismo: al contrario, en todo momento las emociones están a flor de piel. De hecho, hubo algo en esa forma de ir a tumba abierta con emociones nacidas en la infancia o adolescencia, pero enfocadas desde una perspectiva adulta, que me recordó a un grupo tan distante en lo sonoro como es Estrella Fugaz.
Y después vino lo que todo el mundo esperaba: la presentación oficial en Granada de Solo postres, el monumental segundo LP de los granadinos Ramper. Tocaron los siete cortes del álbum en orden, y a pesar de algún pequeño problema con el sonido (la guitarra de Ángel estaba tan alta que en algunos momentos ahogaba prácticamente todo lo demás), pasaron sobre nosotros como una apisonadora. El grupo no deja de mejorar su directo con el tiempo: los cuatro miembros nucleares se entienden a la perfección y esa compenetración le insufla una nueva vida a las canciones, que a menudo tienen aún más potencia que en la grabación. Además, Álvaro canta con una gran seguridad y no dejan de incorporar nuevos detalles, como que Elvira y Ana hagan coros en algunos temas. “Un miembro fantasma”, “Solo postres” y “Poderoso puño” sonaron especialmente inspiradas; he escuchado esta última cinco o seis veces en directo y esta fue sin duda la mejor, se me saltaron las lágrimas. En fin, estos chicos no dejan de confirmar que son el mejor grupo de rock de España.



